Tototlán, la guerra Cristera y los Vaca

Tio Enrique Vaca Arias

Tio Enrique Vaca Arias

Tototlán, la guerra Cristera y los Vaca

 Yo provengo de dos familias: una familia muy conservadora y otra liberal, había entonces como un conflicto.

Mis abuelos maternos, la familia liberal, poseían un rancho en Tototlán a unos setenta kilómetros de Guadalajara. Mi abuelo, Enrique Vaca Salazar, fue presidente municipal del pueblo desde 1924 hasta 1926, me contaban que fue una época bastante difícil sobre todo hacia el final de su periodo. Entonces estaba empezando la guerra cristera y en esa zona la rebelión fue muy intensa. La familia vivió momentos de gran tensión porque en su cargo de gobierno, mi abuelo era un enemigo de los cristeros que sospechaban de él. Sólo gracias a la intervención de un sacerdote que se apellidaba Vega los cristeros decidieron dejar a mi abuelo fuera del conflicto y no ensañarse con él.

Mi mamá, que era la hija mayor, y mi tía, Ana María Vaca (Anis), que eran las más grandes de una familia de ocho hermanos, me contaban que habían presenciado, viéndolos a poca distancia desde la ventana de la casa del rancho, enfrentamientos armados y cuerpo a cuerpo entre Cristeros y Gobierno. Mi mamá entonces era joven tendría como 15 años. Habían presenciado asustadísimas, horrorizadas, sin poder hacer nada a matanzas a cien metros de la puerta de su rancho en Tototlán. Me contaban también mi mamá y mi tía de la profunda tristeza que les causaba ver una guerra entre vecinos del mismo pueblo. Fue una guerra muy cruel, me contaban también que desgraciadamente allá agarraban a la gente la encerraban en vagones de tren y les prendían fuego. Tanto los de un bando como los del otro.

Fue una época terrible, ninguno de los dos bandos tenían la razón y estaban tan desorientados unos como los otros; no se sabían quién era quién; había quien en el gobierno estaba contra la Iglesia y quién no. Era un periodo confuso y complicado.

La Historia

La Guerra Cristera fue una lucha armada entre el Gobierno y la Iglesia entre 1926 y 1929. En el gobierno de Plutarco Elías Calles, habían puesto en práctica las disposiciones antirreligiosas de la Constitución política de 1917, convirtiéndolas en leyes, y peleaban contra milicias de laicos, presbíteros y religiosos católicos que estaban en contra de esas políticas de restricción de la autonomía de la Iglesia Católica. Calles y sus huestes de revolucionarios violentaron templos y profanaron altares; expulsaron a los sacerdotes extranjeros y se dictaron normas para la total sumisión de la fe religiosa católica a las autoridades del estado. Cuando los atropellos fueron excesivos, los católicos ya no aguantaron, explotó la protesta armada.

Jalisco, Cocula, Guadalajara, San Cristóbal de la Barranca, Plan de Barrancas, Hostotipaquillo y Atemajac de Brizuela Tototlán son nombres relacionados con la guerra Cristera. Tototlán destacó por ser uno de los bastiones cristeros, por ello la federación, lo invadía y perpetraba todo género de atrocidades. En el pueblo se recuerda particularmente la figura del sacerdote mártir Sabás Reyes Salazar. Con el culto suspendido en los templos de toda la República, el párroco de Tototlán se retiró del pueblo y quedó el padre Sabás con el encargo de administrar los sacramentos. Los combates entre los soldados del gobierno y los defensores cristeros eran encarnecidos y estaban a la orden del día y los sacerdotes eran perseguidos a muerte. El Padre Reyes tuvo que esconderse e incluso algunos vecinos le sugirieron que se fuera de Tototlán para evitar que lo mataran. Informados de que había más de dos mil cristeros armados contra el Gobierno, el 11 de enero de 1927 llegaron las tropas federales a Tototlán. A los pocos días, la tropa del general Juan B. Izaguirre le prendió fuego al templo parroquial, pero cuando se fueron los soldados, el padre y los vecinos acudieron a apagarlo. Los defensores cristeros quisieron responder al ataque quemando la casa municipal pero el padre Sabás los detuvo, diciéndoles que era propio de los bárbaros destruir los pueblos. Logró convencerlos y desistieron.

El 11 de abril de 1927, las tropas del Gobierno regresaron. El padre Sabás acompañado del joven José Beltrán y de los niños Octavio Cárdenas y Salvador Botello se escondió en la primera casa que le ofreció refugio: era la casa de la señora María Ontiveros. Pasó el día de rodillas en oración junto con los que estaban en la casa. Delatado por la sirvienta de la casa fue detenido por el General Juan B. Izaguirre con todas las personas que allí se encontraban. Lo llevaron a la iglesia parroquial convertida en cárcel y lo amarraron a una columna, negándole hasta un poco de agua. Fue fusilado en el cementerio de Tototlán de Jalisco el 13 de abril de 1927 a los 44 años, 16 de los cuales había oficiado como sacerdote.

Se estima que en la guerra Cristera murieron 250.000 personas entre civiles y militares.

La gente de bien no debemos caer en la trampa de políticos sin escrúpulos, que solo para sus perversos fines personales, en forma irresponsable y criminal provocan la división entre distintos grupos sociales y hasta guerras entre hermanos.

Después de la guerra cristera, llegó la presidencia del general Lázaro Cárdenas y el agrarismo. Se promulgó la Ley Agraria que limitaba el número de hectáreas que se podían poseer. A pesar de que el presidente era amigo de mi abuelo, no lo consideró y el gobierno le expropió la mitad del rancho. Fue un golpe muy duro para mis abuelos, quedaron abatidos y decepcionados, con muy mal sabor de boca y entonces decidieron irse a vivir a Guadalajara, en busca de oportunidades y mejor educación para sus hijos.

Mi tía Anis y mi mamá en realidad estaban felices de regresar a Guadalajara. Me contaban que el tiempo que ellas estuvieron en el rancho las condiciones de vida eran bastante extremas. En el rancho no había luz ni teléfono ni radio ni nada moderno, estaban siempre ávidas de que alguien les llevara informaciones del mundo exterior. Entonces amistades iban a visitarles y les llevaban periódicos aunque fueran atrasados y también revistas de modas para ver lo que se llevaba en la ciudad, era así como se enteraban de lo que estaba pasando.

Recibían también libros, algunas obras clásicas pero, me contaban que en esa época a ellas lo que les gustaba mucho eran las novelas de amor. Como estaban en una edad entre los quince y los dieciocho años ellas se hacían ilusiones con estas novelitas y se imaginaban la vida en la ciudad y un mundo diferente de la realidad del rancho.

Con mis abuelos conviví mucho de chica porque hemos pasado juntos en el rancho de Tototlán varias vacaciones de verano. El rancho era muy bonito aunque no tenía nada de facilidades. Estaba como a cinco kilómetros del pueblo de Tototlán y teníamos que ir a caballo porque no había carretera, recuerdo que cuando era tiempo de lluvia el camino que había de tierra se ponía muy lodoso, horrible, y los caballos medio se resbalaban y tenía uno que agarrarse bien para no caerse. No había luz eléctrica y se tenía que alumbrar con mechones, era distinto completamente de la ciudad y eso era lo que nos atraía. Tenía toda clase de animales, recuerdo que nos enseñaban a ordeñar las vacas, a recoger huevos, a ver las abejas, vimos cómo se criaban los puercos, los chivos, las vacas, los caballos. Veíamos como sembraban y como cosechaban; era una vida en contacto con la naturaleza disfrutando de los animales y de las plantas.

También en el pueblo era una vida totalmente diferente a la ciudad. Recuerdo una imagen durante un temblor de tierra, en esa zona tiembla bastante, todas las mujeres del pueblo, que se vestían de negro en ese tiempo, hincadas con las manos en Cruz hacia el cielo y rezando en voz alta. Era sobrecogedor ver esa religiosidad tan fuerte de toda la gente, se impresionaba uno más de ver a las personas que del temblor.

Se celebraban las fiestas religiosas con feria en la plaza, cohetes, puestos donde vendían toda clase de comida y de dulces. Era muy emocionante la Semana Santa porque representaban la pasión de Cristo personas del pueblo vestidos a la usanza de los primeros años de la Cristiandad, pasaban en procesión por todo el pueblo a pie o en carros alegóricos. Era muy folklórico.

Nos encantaban esas vacaciones a mi hermana Ana Rosa Veytia y a mí, pasábamos dos o tres meses y hubiéramos querido estar ahí más tiempo. Conservo de allá recuerdos maravillosos.

Fragmento Del Apantle al Mal País https://elincansable.wordpress.com/2012/05/07/del-apantle-al-mal-pais-historia-de-una-familia-de-tantas/

Libro Del Apantle al Mal País https://elincansable.wordpress.com/2012/05/07/del-apantle-al-mal-pais-historia-de-una-familia-de-tantas/

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