General José Pablo Eustaquio Manuel Francisco Escandón y Barrón (1856 – 1926)

General José Pablo Eustaquio Manuel Francisco Escandón y Barrón (1856 – 1926) militar mexicano participó en la Revolución mexicana.

Hijo de Antonio Escandón y Garmendia y de su mujer Catalina Barrón y Añorga, I baronesa pontificia de Barrón, y hermano de Manuel Escandón y Barrón (México, 13 de agosto de 1857 – 13 de diciembre de 1940), marqués de Villavieja ( Marqués de Villavieja Se concede en 1713 a Doña María Teresa de Cañas y Acuña, hija de los Marqueses de Vallecerato con carácter personal. Se concede con carácter hereditario en 1845 a Don Luis Hurtado de Zaldívar y Fernández de Villavicencio. Corresponden los apellidos Cañas, Hurtado de Zaldívar, Salamanca y Escandón) Casado con Petronila Salamanca y con descendencia, y de Carlota Maximiliana Escandón y Garmendia (París, 28 de marzo de 1864 – París, 15 de abril de 1936), así llamada en homenage a Maximiliano I de México y a Carlota de México, casada en París el 19 de noviembre de 1891 con Felipe Falcó y Ossorio (Madrid, 5 de noviembre de 1859 – París, 12 de abril de 1931), VIII duque de Montellano y Caballero de la Orden de Carlos III.

Marchó muy joven al exterior con su familia, radicando en París, y pasando temporadas en España. A la edad de 10 años, ingresó al colegio jesuita de Stonyhurst, en Inglaterra, donde recibe una educación esmerada, permaneciendo hasta 1875, acompañado por sus hermanos y primos. Tras la muerte de su padre en 1878, vuelve a México, heredando casi $5,000,000 de sus padres. Formó parte de un grupo de jóvenes elegantes que marcan el tono de la sociedad capitalina, organizando cotillones, y contribuyendo a la organización del Jockey Club. Las memorias de su hermano Manuel, marqués de Villavieja, narran episodios interesantes de su edad moza. Se casó en 1882 con Catalina Cuevas y Rubio.

Estudió la carrera militar, asciende a coronel, llegó a ser jefe del Estado Mayor del presidente Porfirio Díaz. Desempeña diversas actividades reglamentando el protocolo diplomático en palacio nacional y el alcázar de Chapultepec. Con sus hermanos Manuel y Eustaquio, además de William Hyden Wright, participa en el equipo de Polo mixto (Francia y Reino Unido) en los Juegos Olímpicos de Paris 1900, ganando medalla de Bronce, primera medalla de México en la historia, siendo junto con los otros tres miembros del equipo los primeros medallistas mexicanos. Organiza conferencias internacionales, incluyendo la entrevista Díaz-Taft, en la cual funge como traductor con Enrique C. Creel. Ocupa curul en la cámara de diputados en distintas ocasiones, además de fungir como enviado diplomático a la coronación de Jorge V de Inglaterra. Pertenecía al grupo de los Científicos y formaba parte de la aristocracia nacional. Era propietario de dos haciendas en el estado de Morelos: Xochimancas y Atlihuayán.

En las postrimerías del porfiriato fue gobernador de ese estado; durante su gestión tuvo muchos problemas con los pueblos, por despojos de tierra y aguas y por una ley que revaluaba los bienes raíces, dejando a las propiedades rústicas con una valor muy bajo y a las urbanas con un muy elevado. Además, su gubernatura -de marzo de 1909 al 8 de mayo de 1911 -, fue precedida por unas elecciones muy reñida pues su contrincante, el Ing. Patricio Leyva, era muy popular; desde entonces data la efervescencia política en Morelos. Al estallar la lucha contra Porfirio Díaz, Escandón abandonó la gubernatura y marchó hacia Estados Unidos. Respalda el gobierno de Victoriano Huerta, y asciende en el mando militar. Volvió al país después de 1920 y murió en la capital en 1926.

El apellido Escandón, al lado de los de otras familias como De la Torre, Mier y Terán, Barrón y Limantour, está presente en la historia de los grupos empresariales de México a lo largo de casi todo el siglo XIX. En su primera generación, las cabezas de estos clanes familiares formaron parte de un grupo joven de comerciantes que se levantó frente a los intereses dominantes de la economía colonial. En las décadas que siguieron a la Independencia, estos personajes forjaron su capital en el comercio con Inglaterra, Francia y otros centros. Se beneficiaron de su cercanía con el poder para acrecentar su fortuna no sólo como comerciantes, sino como contratistas, prestamistas y especuladores de bienes raíces; y canalizaron inversiones hacia los transportes, la agricultura y la minería.
Los descendientes de estas familias heredaron grandes fortunas y negocios en marcha, pero hubieron de enfrentar sus propios retos: los dictados por las transformaciones económicas de finales de siglo. Las décadas de 1880 y 1890 marcaron cambios importantes en la reactivación y reorganización de la actividad económica del país. En este contexto se forjaron nuevos grupos interesados en la expansión de las comunicaciones, la ampliación de capitales y de mercados, el aumento de la producción y la introducción de nuevas tecnologías. ¿Cómo respondieron a estos retos los herederos de aquel grupo de comerciantes forjado durante la primera mitad del siglo XIX?
Algunas de aquellas familias participaron de los cambios de fin de siglo con cierto éxito y sus apellidos continuaron figurando en los círculos económicos porfirianos. Pero ¿cómo lograron reestruc turar sus inversiones para responder a los nuevos requerimientos económicos? ¿Cómo dieron ese salto de una práctica empresarial que tenía como fundamento la especulación y la renta de la tierra a una dinámica más productiva? Y, finalmente, ¿cuáles fueron los límites de esa adaptación? El trabajo de Nora Pérez-Rayón Elizundia, Entre la tradición señorial y la modernidad: la familia Escandón Barrón y Escandón Arango. Formación y desarrollo de la burguesía en México durante el porfirismo (1890-1910) se propone dar una respuesta a estas cuestiones.
Sobre la base de un estudio de caso, el seguimiento de dos ramas de la familia Escandón —los Escandón Barrón y los EscandónArango—,

Nora Pérez-Rayón se acerca con tiento al proceso de transformación de las elites económicas del México porfiriano. El hilo conductor de la investigación es la tensión permanente entre una tradición empresarial rentista y un proyecto económico modenizador, fuerzas encontradas que hacen presa de la familia Escandón, como de otras. Interesa acercarse a esta tensión en el seno mismo de una unidad económica y descubrir los mecanismos que le permiten resistir y transformarse, los elementos que dan continuidad a su existencia y los que le permiten adaptarse a los cambios.
Entre la tradición señorial y la modernidad: la familia Escandón Barrón y Escandón Arango se divide en tres partes. La segunda y la tercera constituyen la propuesta fundamental del trabajo. La primera tiene un carácter más bien introductorio y de precisión de algunos con ceptos. Se apoya en una revisión historiográfica y gira en torno a la presentación de la familia como una categoría básica de análisis para acercarse a las realidades latinoamericanas, en general, y a la mexicana, en particular. Sin embargo, este interés por la definición de la unidad familiar, sin duda indispensable para el estudio en cuestión, deja en segundo término la discusión historiográfica del problema central de la transformación de las elites económicas.
La segunda parte del libro, con seguridad la más sólida de la investigación, es una reconstrucción de la estructura de la fortuna de los Escandón durante las décadas de 1890 a 1910. Producto de una revisión muy cuidadosa de archivos notariales (de la que se da cuenta con detalle en un amplio apéndice), la investigación reve- la una inversión diversificada. Los Escandón eran, en primer término, hacendados en la región centro del país. Sus propiedades en el estado de Morelos contaban con tecnología moderna y producían para un mercado nacional, si bien su participación en la Unión Azucarera reveló serias limitaciones —compartidas con el resto de los hacendados del estado— para hacer propuestas innovadoras frente al problema de la sobreproducción de azúcar. Como actividades secundarias, que no menores, la familia Escandón era rentista y especlaba con predios urbanos; prestaba a censo consignativo a la par que invertía en instituciones bancarias; y era partícipe de compañías tranviarias, eléctricas y mineras.
Los Escandón mantuvieron pautas de inversión tradicional —asociadas a la renta de la tierra y a la usura—, a la vez que se introdujeron en sociedades financieras y empresas productivas. Esta fortuna estructurada con elementos antiguos y modernos es testimonio de un grupo empresarial colocado en medio de un proceso de transformación económica. Los Escandón Barrón y los Escandón Arango

de siglo se vieron obligados a participar de manera más directa en la política para garantizar sus intereses.
Asimismo, los diarios de Pablo Escandón y del marqués de Villa- vieja son testimonio de gran valía para conocer ideas y creencias de algunos miembros de la familia. Sin embargo, no parecen haber re- sultado suficientes para la recreación de su vida cotidiana y de su mentalidad, al menos en un sentido paralelo al de la reconstrucción de su mundo empresarial. Más que la base para definir las actitudes y vida social de los Escandón, esas fuentes permitieron insertar a la familia en un cuadro de la sociedad porfirista previamente dibujado a partir de estudios recientes sobre el tema. Pero aun presentado así, esta parte del trabajo constituye una muestra muy clara de un comportamiento social con fuertes ataduras con el pasado y abiertas aspiraciones señoriales. Y su presentación en el marco de la sociedad de la época, ella misma con pretensiones aristocratizantes, explica bien por qué los Escandón no tuvieron que cambiar sus valores y conductas sociales para conservar su posición social.
En suma, las transformaciones económicas de fin de siglo obli- garon a los Escandón Barrón y a los Escandón Arango a modernizar algunas de sus prácticas e incorporarse a grupos empresariales más dinámicos, sin renunciar del todo a sus antiguas inversiones. Su actitud en relación con la política, siempre considerada por los grupos económicos poderosos como un espacio para garantizar sus intere- ses personales, se modificó menos que su conducta empresarial, pero tuvo que renovar sus mecanismos de influencia mediante una participación más directa. Su posición conservadora se puso de manifies- to con toda su fuerza en la vida social, en donde las aspiraciones señoriales apenas se disimulaban. Éste es el caso de una familia de empresarios con fuertes rasgos tradicionales que no sucumbió al cam bio, que logró actualizar sus prácticas lo suficiente para compartir el mundo de la burguesía, al menos de la del centro del país.
El libro de Nora Pérez-Rayón tiene un interés múltiple. Desde luego, se suma a un buen número de estudios de caso que van sentando las bases para un mejor conocimiento del mundo empresarial y de su transformación a lo largo del siglo XIX. Pero, además, complementa la historia de una familia de empresarios iniciada años atrás por Margarita Urías, permitiendo una perspectiva multigen racional que acerca a una mejor comprensión del desarrollo de los grupos empresariales del México decimonónico. Por otro lado, pre- senta con gran claridad la tensión, en el seno mismo de una familia empresarial, entre formas antiguas y modernas de invertir. Trabajos como el de Dolores Morales habían presentado la convivencia entre
estos dos modelos durante el Porfiriato —representados por Fran- ciscoSomerayRafaelMartínezdelaTorre,respectivamente—;1 Entre la tradición señorial y la modernidad: la familia Escandón Barrón y Escandón Arango nos da cuenta de su presencia en el seno de una misma unidad familiar. Más aún, este trabajo hace patente cómo la fuerza de una economía en transformación puede obligar al cambio de ciertas conductas empresariales, sin necesidad de operar verdaderos cambios en los valores y comportamientos sociales de los inversionistas. En suma, este libro de Nora Pérez Rayón es sin duda una investiga ción cuidadosa que enriquece el acercamiento a las elites económi cas del siglo XIX.
Alicia SALMERÓN CASTRO

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