INTERPRETAR EL PAISAJE: PERCEPCIÓN, APROPIACIÓN Y TRANSFORMACIÓN

 

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La ciencia del paisaje aparece en Rusia a nales del siglo XIX como resultado de la necesidadde colonizar nuevas tierras, planteando el concepto de paisaje como un método geográco cuya
función será la de abordar la relación universal existente entre los diversos elementos del medio y
su subordinación en el espacio (Frolova, 2001). Los rusos utilizaron la palabra alemana
Landschaft 
para denir el objeto de estudio del paisaje “…
 presentado como un grupo de objetos y de fenómenos
que se repiten regularmente sobre la supercie terrestre…
” manifestados como una “…
organización
estructurada del espacio geográco.
” (Frolova, 2001). Aunque se buscaba la aplicación eminente
mente práctica de estos estudios –como encontrar soluciones a las malas cosechas y hambrunasderivadas de las fuertes sequías de nales del siglo XIX–, se plantea por vez primera que cada zonageográca debe ser entendida como algo genético, con una evolución histórica propia en la que han
interaccionado la vegetación, el relieve, la geología, el clima y la actividad humana.
Desde inicios del siglo XX se empezará a entender el paisaje como el resultado de la inte
racción entre el medio natural y la actividad humana, hablándose ya de “paisaje cultural” cuando el
medio natural es transformado por el hombre. Por tanto, el estudio de las huellas de esa transforma
ción deberá partir de la observación del medio para entender el porqué de su estructuración espacialantropizada: los valles de ríos y barrancos se convertirán en las vías de comunicación naturales que,en su uso y adecuación continuada, acabarán por estructurar verdaderos ejes viarios a lo largo de
los cuales se crearán nuevas zonas de hábitat; el establecimiento permanente o temporal de estas
zonas de hábitat, estará en ocasiones condicionado por estrategias de subsistencia que determi-narán los factores de selección para su ubicación: predominancia en la ocupación de las zonas desolana frente a las de umbría, control de áreas productivas, explotación de recursos hídricos, controldel paso de ejes viarios, explotación de recursos complementarios, factores estratégicos, etc.
 Así, el estudio del paisaje requiere del análisis previo de las fuentes cartográcas existentes:mapas históricos, mapas topográcos, fotografía aérea, ortofotos, mapas geológicos, de usos del
suelo, mapas catastrales, actas de deslinde y toda aquella documentación histórica y arqueológicaque pueda aportar datos al respecto. Las ediciones de mapas de los últimos cincuenta años son muyútiles en zonas como la que nos ocupa, ya que nos permite observar cambios recientes de las áreas
de producción agrícolas, creación o crecimiento de núcleos de hábitat y modicaciones de ejes via
rios, transformaciones intencionales sobre el relieve, evolución de la línea de costa, etc. Uno de los
aspectos derivados de este análisis cartográco será la obtención de abundantes datos toponímicos
que deberán ser contrastados con la documentación histórica y sobre todo con la información oralpara su mejor ajuste y corrección. Este trabajo de contraste de las fuentes toponímicas es fundamen-tal ya que los topónimos pueden variar en ciertos aspectos (lingüísticos, de ubicación, desaparición
por desuso, cambios de nombre, etc.) en las diferentes fuentes cartográcas y documentales y pue
den aportar abundantes datos relacionados con ubicación de lugares, usos y actividades perdidas,etc., sobre todo cuando utilizamos esta herramienta de investigación en la interpretación de lospaisajes de época histórica.Obviamente no existe una única forma de abordar el estudio del paisaje y por ello, su análisisse realiza a menudo desde ópticas concretas, ligadas al enfoque aplicado por el investigador, oinvestigadores, que participen en dicho estudio. Así por ejemplo, un enfoque que busque evidenciasrelacionadas con la evolución histórica de la transformación antrópica del medio en un área concreta,
será observado bajo líneas de investigación previamente denidas con el n de obtener modelos
de interpretación que puedan ser aplicados a otras áreas similares. Desde el estudio de la estruc-turación actual del espacio, podremos obtener datos a partir de la distribución parcelaria y observar 
en ocasiones sus trazas fósiles; así, su adecuación a los ejes de comunicación consolidados y a la
propia orografía constituye frecuentemente una ordenación estructurada que nos permitirá obtener datos históricos sobre los paisajes, sobre todo si tenemos en cuenta que “…
las sucesivas etapas del  poblamiento y los distintos sistemas agrarios tendieron a reutilizar una y otra vez las mismas redesviarias, los mismos parcelarios y la misma forma del hábitat.
” (Tello, 1999, 202). Por tanto, el trabajo
de campo debe contemplar un análisis de aquellas evidencias que pueden responder a la delimita-
E. FLORS
460ción de estos espacios; así, las áreas de dispersión de materiales arqueológicos en supercie nos
pueden llevar a documentar lugares de hábitat, de enterramiento, etc., pero también pueden revelar otro tipo de espacios: por ejemplo, las labores de abono de los campos generan amplias dispersiones
superciales que, en ocasiones, son interpretadas como zonas de hábitat (se habla en general de al
querías, villas, poblados, etc.) cuando en realidad estamos documentando espacios productivos. La
identicación de restos arquitectónicos, tanto antiguos como recientes, incluyendo los bancales, los
sistemas de riego tradicionales, de transformación (hornos de cal, carboneras, molinos, batanes…),simbólicos o de culto (ermitas, cuevas sacralizadas…), las “…
arterias primarias de comunicación…
(Buxó, 2006, 2), la identicación, estructuración y evolución de los espacios urbanos actuales, etc.,
nos pueden aportar abundantes datos sobre el establecimiento de diversos tipos de lugares con
una ocupación permanente o temporal, –de hábitat, cultuales, almacenamiento, aprovechamientode recursos, estratégicos…– que pueden ser temporalmente acotados. La pervivencia o no de estos
lugares a lo largo de diversos periodos, así como sus cambios, nos permitirá analizar las pautas bá-sicas de la evolución y construcción de los diferentes paisajes que se han ido sucediendo, así comolas diferentes estrategias adoptadas por las comunidades que los han generado o reutilizado. Desdeel análisis arqueológico, todos estos datos pueden servir para establecer modelos predictivos útiles,no solo en el campo de la investigación, sino también en el de la gestión y prevención de riesgos
sobre el patrimonio arqueológico (González-Villaescusa, 2006b, 35). Ahora bien, el paisaje analizado siempre será el resultado nal de una evolución constanteque ha superpuesto trazas, ha modicado espacios y ha hecho ilegibles paisajes anteriores, por lo
que una investigación encaminada a analizar el paisaje como el resultado de su propia evolución
requerirá del concurso de investigaciones multidisciplinares con el n de intentar reconstruir los dife
rentes paisajes que se han ido sucediendo. Así, la plasmación nal de los datos recopilados podráser expresada espacialmente a través de su cartograado y podrán ser analizados y gestionadosmediante un sistema de información geográca. Los datos que se vayan obteniendo a lo largo delproceso de investigación –vericación y delimitación de restos arqueológicos, análisis palinológicos,sedimentológicos, geomorfológicos, etc.– deberán ser incorporados con la nalidad de obtener mo
delos de análisis que nos permitan aproximarnos a las técnicas de aprovechamiento y explotaciónde los recursos y llegar a “…
disponer de diversas estimaciones de coecientes técnicos que sonsusceptibles de traducción a unidades de supercie para calcular sus respectivas “huellas ecológi 
cas.” 
(Tello, 1999, 208). Con ello, desde el punto de vista productivo o de la mera subsistencia, sepodrían observar pautas ante los momentos críticos –agotamiento de determinados recursos por sobreexplotación, salinización, abandono de tierras en periodos conictivos, etc.– y contrastarloscon periodos de estabilización –detección de nuevos recursos, aprovechamiento, generación deexcedentes para su comercio, etc.– y cómo se ha traducido en el paisaje de cada periodo. Estos
cambios sobre el medio, supuestamente, han tenido que dejar huellas visibles en el paisaje actualque, a través de las investigaciones arqueológicas y de los estudios multidisciplinares podrían ser 
identicadas, documentadas y analizadas. Así pues, un correcto análisis del paisaje actual “…
nos
 puede reejar el alcance y las formas de las huellas ecológicas de las sociedades humanas del 
 pasado y el presente
” (Tello, 1999, 198). Obviamente este tipo de enfoque metodológico presenta
como dicultad su dependencia directa del desarrollo de las investigaciones de campo y del gran nú
mero de datos cuanticables a barajar que, como más abajo veremos, depende en gran medida dela casualidad del registro arqueológico y puede llegar a modicar nuestro modelo de interpretación.
En los últimos años, desde la arqueología se han venido realizando diversos estudios queintentan dar un nuevo enfoque al análisis de las transformaciones antrópicas sobre el medio. Unavisión de esta nueva tendencia y de cómo ha sido aplicada por los diferentes investigadores en lasúltimas décadas nos la ofrece R. González quien, no obstante, ya apunta que “…
el paisaje sufre unefecto de moda.
” (González-Villaescusa, 2006b, 28).
Evidentemente la arqueología, como acción desarrollada por diversos equipos de investiga-dores, se ve inmersa en las tendencias socio-culturales de cada momento. Concebida como una
herramienta más para la interpretación histórica, se ve inuenciada por los cambios del pensamientosocial y procura adecuarse a las corrientes de pensamiento de cada momento (Criado, 1993; Her 
nando, 1999; González-Villaescusa, 2006a; Glick, 2007; Soler, 2007; Rojo, Kunst, Garrido
et alii,
2008). Obviamente no es un caso aislado; los estudios geográcos, sociológicos, antropológicos,
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historiográcos y todos aquellos que de una manera u otra están relacionados con el estudio de las
sociedades, de sus modos de vida, de producción, los espacios en los que se han desenvuelto y la
cultura material legada, han ido adaptándose a las nuevas tendencias como reejo del pensamiento
en las que se han desarrollado. Así, dejando atrás la visión puramente historicista, se están creandonuevas tendencias de investigación sobre los efectos que las diferentes comunidades han ocasio-nado sobre el medio en el que se han desarrollado (individuo-medio/medio-individuo), aplicandoperspectivas novedosas que consideran el paisaje como “…
 parte activa del utillaje cultural…
”, y quepermiten introducir en el discurso aspectos tan fundamentales como “…
la experiencia o la percep-ción.
” (Soler, 2007, 50). En este sentido, los datos analizados permiten realizar un gran número de
observaciones de tipo cualitativo, derivadas de la interpretación de las acciones y percepciones sin-
gulares del individuo en su interacción con el medio a través del tiempo; en este apartado, aspectos
como las creencias y rituales, las estructuras sociales internas y sus relaciones para con el exterior,el poder y la coerción, el reparto del trabajo, la resistencia individual o la rebelión colectiva…, ensuma, todos aquellos aspectos del pensamiento socio-cultural que acaban siendo motores de loscambios históricos, no pueden ser obviados por su difícil inferencia desde los restos arqueológicos.El registro de los datos cuantitativos puede llegar a revelar pautas recurrentes, que son percibidaspor el investigador como el resultado de acciones intencionales y formalizadas, como evidenciainmaterial del registro que se documenta sobre espacios físicos tangibles y que permitirán plantear laexistencia de un paisaje creado culturalmente y que se revela como “…
una construcción simbólica.
(Soler, 2007, 51).
El individuo, como ente a la vez individual y colectivo, huye del caos, y su propia racionalidad
genera un orden, una estructuración organizada de los espacios a los que otorga signicación propia
a través de las actividades, cotidianas o no, que se convierten en recurrentes y se perpetúan en eltiempo gracias a la transmisión del conocimiento, de un saber heredado a través del aprendizajede realidades basadas en la experiencia de generaciones anteriores, hasta acabar por convertirseen hábitos o costumbres enraizadas en una comunidad, a las que llamaremos tradición. El espaciopues, no es un lugar físico en el que algo acontece, sino que lo observaremos como un ente intangi-ble que se crea de modo diferente según la percepción que la racionalidad adquirida por el individuole otorgue.
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Acerca de elincansable

elincansable, Ingeniero, Empresario, Designer , Ambientalista, Corredor

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